Durante milenios, la supergigante en el hombro de Orión ha cautivado a los observadores, ya sea por su intenso color rojo, por sus misteriosos cambios de brillo, o porque está destinada a convertirse en supernova dentro de unos pocos miles de años. De hecho, es uno de los astros más estudiados en el cielo. Y ahora, un equipo científico ha confirmado la detección directa de una candidata a compañera. Esta estrella secundaria fue captada gracias a técnicas de imagen de altísimo contraste que permitieron mirar a través del denso entorno de gas y polvo de la gigante.

Desde hace décadas sabemos que Betelgeuse tiene ciclos de cambio en su brillo. Algunos de esos periodos se asociaron con la misma dinámica en la superficie de la estrella. Sin embargo, estaba la posibilidad de que uno de esos cambios fuera consecuencia de una compañera.
Así, la evidencia se fue acumulando poco a poco. En julio de 2025, astrónomos revelaron una imágen, de los telescopios Gemini norte en Hawai, donde se aprecia muy débilmente una estrella. Al año siguiente, en enero de 2026, otro grupo de científicos encontró, usando observaciones del Telescopio Hubble y otros en tierra, que el gas alrededor de Betelgeuse se arremolina como si, efectivamente, hubiera una pequeña estrella ahí.

Bien pues este 28 de julio de 2026, el Observatorio Europeo Austral (ESO) anuncia un trabajo que parece confirmar las sospechas. Las observaciones se concretaron utilizando el instrumento SPHERE-ZIMPOL, instalado en el Very Large Telescope (VLT) de la ESO, en el desierto de Chile. El momento fue crítico, porque en diciembre de 2024 ocurrió la máxima separación visual entre ambas estrellas. Así, el equipo confirmó el hallazgo de una compañera con un nivel de confianza bastante alto.
Oficialmente, la nueva estrella tiene dos denominaciones, Betelgeuse B y su nombre propio Siwarha, que significa «su brazalete».
A diferencia de las hipótesis tempranas que dibujaban a una compañera similar al Sol, los resultados del este trabajo revelaron que es un astro masivo y joven, con entre 2.6 y 3.1 veces la masa solar, encajando en un tipo espectral B8.5V a B9.5V. Físicamente, es un sol con una temperatura superficial de unos 11500 °C y se ubica a una distancia orbital de unas 12 veces la distancia Tierra-Sol de Betelgeuse. Fue, de hecho, esta inesperada masa extra lo que le otorgó el brillo suficiente para ser finalmente descubierta.

Para la astrofísica estelar, este hallazgo es la pieza que faltaba para explicar la variabilidad de Betelgeuse. Como les decía, la supergigante tiene atenuaciones cíclicas, pero una de ellas, llamada «período secundario largo» (LSP), que ronda los 2200 días, es decir, unos 6 años no había sido explicado del todo. La masa y posición de Siwarha sugieren que este ritmo de oscurecimiento es dictado por su órbita.
Aunque las imágenes constituyen el logro observacional más contundente en casi un siglo de búsqueda y tenemos otras evidencias, los astrónomos esperan confirmar sus datos con más observaciones. Futuros telescopios como en enorme ELT, también en Chile, despejarán cualquier duda y nos permitirán ver con mucho más detalle «el brazalete de Orión».
Este trabajo científico fue publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.
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