Si les pido que imaginen un planeta y una de sus lunas, seguramente no hay problema en hacerlo: todos tenemos en mente las diferencias entre uno y otro. Por eso, este hallazgo es tan relevante. Un equipo de astrónomos acaba de anunciar evidencia de un objeto masivo, similar a Júpiter, pero que orbita a una enana marrón (que técnicamente no es ni planeta ni estrella), la cual, a su vez, traza una larguísima elipse alrededor de una estrella. Entonces, ¿cómo le llamamos al nuevo objeto? ¿Exoplaneta, exoluna, exosatélite o quiza, «planetuna» o «luneta»?

Vayamos al asunto. Resulta que en octubre de 2023 y febrero de 2026, astrónomos usaron el instrumento CRIRES+ acoplado a los telescopios Very Large Telescope, en Chile, para monitorizar un sistema llamado CD-35 2722. Para esto aplicaron el método de velocidad radial, la misma estrategia pionera que nos permitió descubrir el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol en los años noventa. Así, midieron un sutil bamboleo inducido por un objeto sobre su anfitriona, la enana marrón, mediante tirones gravitacionales.
Bueno, pues en esto radica el problema de las jerarquías dinámicas. En el núcleo del sistema reside una estrella enana roja con aproximadamente la mitad de la masa de nuestro Sol. A su alrededor, en una órbita muy excéntrica que tarda unos 5 mil años, viaja CD-35 2722 B, una enana marrón con 37 veces la masa de Júpiter (los astrónomos llaman a este tipo de cuerpos «objetos subestelares»). Y orbitando a esta enana marrón, con un periodo de apenas 170 días y una trayectoria marcadamente ovalada, se encuentra el nuevo protagonista, con una masa mínima de 0.9 veces la de Júpiter. Esta es la primera vez que la técnica de velocidad radia rinde frutos para desvelar un satélite alrededor de una compañera subestelar.

Llamar «exoluna» a este cuerpo resulta problemático, y es aquí donde nuestra nomenclatura astronómica navega entre tensiones y lagunas. La Unión Astronómica Internacional estipula reglas para los planetas y sus satélites, pero CD-35 2722 B es una enana marrón; es decir, es un cuerpo que se quedó a las puertas de iniciar la fusión nuclear continua y que a su vez es demasiado masivo para ser un planeta regular. Dicho de otra manera: tiene muy poca masa para ser estrella, pero mucha más que cualquiera de los planetas conocidos. Por eso, si el nuevo objeto orbita un cuerpo que no es un planeta, tal vez llamarlo «luna» carece de rigor formal (pero tampoco es «exoplaneta» porque no orbita una estrella). Entonces, para sortear este vacío taxonómico, el equipo de astrónomos optó por el término «exosatélite» (que tiene otros problemas, que veremos en otro momento).


Respecto al trabajo científico, las observaciones implicaron un riguroso uso de CRIRES+ para desentrañar las líneas espectrales en la luz del sistema. Posteriormente se midió el desplazamiento de esas líneas y se comparó con simulaciones computacionales para conocer las características del objeto y descartar otros escenarios. A pesar de la cautela de los astrónomos y de que necesitan más datos para refinar los resultados, es claro que el «exosatélite» está ahí.
En el futuro, nuevas campañas de observaciones con el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) mejorarán los modelos del sistema y desvelaran su verdadera arquitectura, ayudando a su vez a refinar o a ampliar nuestro diccionario astronómico.
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