Detectan por primera vez un azúcar verdadero en el espacio interestelar

Un equipo científico internacional, liderado por el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) en España, ha logrado identificar por primera vez un azúcar genuino en el medio interestelar. Se trata de la eritrulosa, una molécula compleja de cuatro átomos de carbono cuya detección refuerza la hipótesis de que las piezas fundamentales para la aparición de la vida se pudieron ensamblar en el espacio mucho antes de la formación de planetas.

El descubrimiento, publicado en la revista Nature Astronomy, se hizo en la nube molecular G+0.693-0.027, una riquísima región de gas y polvo cerca del Centro Galáctico, a unos 26,700 años luz de nosotros. Para captar las huellas de la molécula, los investigadores realizaron observaciones en 2021 y 2024 con el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes y el de 30 metros del Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), ambos en España.

La eritrulosa no es un compuesto común: con 14 átomos en su estructura, es el compuesto no cíclico más grande identificado hasta ahora en el medio interestelar, y la primera en contener cuatro átomos de carbono y cuatro de oxígeno. Además, posee una naturaleza quiral; es decir, su estructura tiene dos versiones idénticas pero invertidas, como un objeto y su reflejo que jamás lograrían superponerse perfectamente.

Mecanismos de formación de moléculas e iones a partir de átomos en el medio interestelar.

Hasta ahora, los modelos astroquímicos sugerían que las moléculas en el espacio crecen sumando átomos de carbono uno a uno, por lo que las estructuras más grandes deberían ser progresivamente más escasas. Sin embargo, los datos de la investigación revelan que la eritrulosa es entre 8 y 17 veces más abundante que los azúcares más simples de tres carbonos (como el gliceraldehído y la dihidroxiacetona), los cuales ni siquiera pudieron ser detectados en esta campaña de observación.

La química que ocurre en el medio interestelar está lejos de parecerse a la que tenemos día a día o en un laboratorio escolar. Los estudios revelan que la eritrulosa no se construye desde cero, sino por bloques moleculares de dos carbonos: los radicales del glicolaldehído y del etilenglicol. Este proceso ocurre de forma eficiente sobre la superficie helada en los granos de polvo de las nebulosas a temperaturas bajísimas, de entre -253.15°C y -243.15°C. Para validar estos resultados, el equipo complementó los datos espectroscópicos con simulaciones cinéticas, recreando el crecimiento químico de los mantos de hielo durante 1.6 millones de años.

Posteriormente, colisiones a baja velocidad dentro de las nubes moleculares, generan ondas de choque de unos 20 km/s, que arrancan este azúcar del hielo y lo liberan al espacio en forma de gas, permitiendo que los radiotelescopios lo detecten.

Finalmente, los cálculos estiman que entre 0.5 a 50 millones de toneladas de eritrulosa pudieron haber sido sembrados en la Tierra primitiva a través del impacto de cometas y meteoritos durante el Bombardeo Intenso Tardío, hace entre 4,100 y 3,800 millones de años. Este flujo masivo sugiere que las herramientas químicas iniciales para la replicación celular y el metabolismo no tuvieron que esperar a complejos procesos geológicos terrestres, sino que muy probablemente llegaron listas desde la nube molecular donde nació el Sistema Solar.


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