Esta imagen revela la belleza de la nebulosa planetaria Kohoutek 4-55, capturada con exquisito detalle por el Telescopio Espacial Hubble. Situada a unos 4,600 años luz de distancia, en dirección de la constelación del Cisne, esta burbuja cósmica de gas brillante nos cuenta el dramático final de una estrella similar a nuestro Sol.
La imagen despliega una estructura fascinante: un anillo central brillante rodeado por una envoltura exterior más tenue y extendida. Los colores vibrantes nos cuentan una historia física. El intenso color verdoso del centro proviene del hidrógeno ionizado, excitado por la radiación ultravioleta de la estrella central moribunda, ahora una enana blanca. El halo exterior muestra tonos rojizos y naranjas producto del nitrógeno. Los colores en azul muestran el oxígeno. Esta paleta cósmica, extendiéndose por casi un año luz, es el legado gaseoso de una estrella que expulsó sus capas externas al espacio.

Las nebulosas planetarias como Kohoutek 4-55 se forman cuando una estrella de masa baja o intermedia agota su combustible nuclear. En sus etapas finales, la estrella se hincha hasta convertirse en una gigante roja, expulsando gradualmente sus capas exteriores en forma de viento estelar. La intensa radiación ultravioleta emitida por el núcleo caliente restante, la enana blanca, ioniza los gases expulsados, haciéndolos brillar con estos colores característicos según su composición química.

Estudiar estas nebulosas nos permite comprender mejor el proceso de muerte de las estrellas y cómo enriquecen el universo con elementos esenciales para la formación de nuevas generaciones de estrellas y planetas. Kohoutek 4-55, con su estructura distintiva y sus colores reveladores, es un laboratorio cósmico que nos ayuda a desentrañar los misterios del ciclo de vida estelar.
Fuente: Hubble Captures a Star’s Swan Song
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