El telescopio espacial James Webb ha logrado imágenes espectaculares de los sistemas planetarios HR 8799 y 51 Eridani, dos de los pocos lugares donde hemos observado exoplanetas directamente. Y lo que encontró es fascinante: planetas ricos en metales, con atmósferas que cuentan la historia de su formación y evolución.
HR 8799: cuatro gigantes en escena
HR 8799 es un sistema a unos 130 años luz de nosotros, famoso por sus cuatro planetas gigantes en órbita. Son mundos jóvenes, apenas unos 30 millones de años, prácticamente bebés en comparación con nuestro sistema solar. Aún calientes desde su formación, emiten mucha luz infrarroja, lo que los hace objetivos ideales para el Webb.

Así, el telescopio espacial los captó con su cámara de infrarrojo cercano (NIRCam) y su coronógrafo, que bloquea la imagen de su estrella madre para revelar lo que la rodea. Y sorpresa: logró la primera detección de HR 8799 e (el exoplaneta «e» en HR 8799) en luz de 4.6 micrómetros, una longitud de onda muy favorable para analizar su composición. Observó cómo el CO₂ absorbe ciertas longitudes de onda, lo que sugiere que estos planetas tienen más metales pesados de lo esperado. Esto es una pista crucial: significa que probablemente se formaron como Júpiter y Saturno, a partir de núcleos sólidos que captaron gas de un disco protoplanetario, en un proceso llamado acreción de núcleo.
51 Eridani b: un caso extraño
El otro protagonista del estudio es 51 Eridani b, un exoplaneta a 97 años luz de nosotros. Webb lo captó en luz de 4.1 micrómetros, pero no lo detectó en longitudes de onda más largas. ¿Por qué? Bueno, su atmósfera parece estar fuera de equilibrio químico, con niveles inesperados de carbono. Esto podría indicar que las reacciones químicas entre los componentes de «su aire», están dominadas por procesos dinámicos y que, al igual que los planetas de HR 8799, tiene una alta concentración de metales pesados.

Otro dato intrigante es su órbita. Nuevos cálculos confirman que es muy excéntrica, con una elipticidad, e, de 0.57. Esto sugiere que en el pasado pudo tener interacciones gravitacionales con otros cuerpos, alterando su trayectoria. Tal vez hubo otro planeta en el sistema que ya no está y fue expulsado en un dramático episodio de caos cósmico.
¿Por qué es importante?
La mayoría de los casi 6,000 exoplanetas descubiertos hasta ahora han sido detectados indirectamente, ya sea por el oscurecimiento de su estrella al pasar frente a ella, un fenómeno llamado «tránsito» o por el leve vaivén que generan en el movimiento de su estrella. Pero verlos directamente es otra historia: nos permite analizar sus colores, su luz y su composición de forma mucho más detallada.

El problema es que muy pocos telescopios tienen la capacidad de verlos así. El Webb puede hacerlo, pero sólo con los exoplanetas más cercanos.
Por eso, los resultados de este estudio, donde se analizan la química de los exoplanetas y los mecanismos de formación, son tan importantes: básicamente nos dan pistas sobre cuán comunes son estos procesos en la galaxia.
¿Es nuestro sistema solar una rareza o la norma? Gracias a los grandes telescopios podríamos estar cerca de responder esa pregunta.
Referencias
- https://esawebb.org/news/weic2504/?lang
- https://webbtelescope.org/contents/news-releases/2025/news-2025-114.html
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
