Estamos por presenciar un espectáculo celeste: un eclipse total de Luna. En la noche del 13 al 14 de marzo, millones de personas en América, Europa occidental, África occidental y Nueva Zelanda podrán ver cómo la sombra de la Tierra cubre por completo a nuestro satélite. Y sí, la Luna se tornará rojiza, algo que muchos llaman “Luna de sangre”.
A pesar de lo impresionante de ese mote, sabemos perfectamente qué ocurre. Durante los eclipses lunares la luz solar es obstruida por la Tierra, sin embargo una pequeña parte logra pasar por la atmósfera alrededor, siendo principalmente la luz naranja y roja la que sigue su camino hasta la Luna. Por eso la vemos roja.

Algo que seguramente te suena, es que los eclipses lunares son mucho más comunes que los solares. A lo largo de un siglo, una ubicación específica en la Tierra puede presenciar entre 40 y 45 eclipses totales de Luna, mientras que un eclipse total de Sol en el mismo lugar puede tardar hasta 375 años en repetirse. La razón es simple: mientras que para ver un eclipse solar hay que estar justo en el estrecho camino de la sombra lunar, un eclipse lunar puede verse desde toda la mitad nocturna del planeta. Por eso, este evento, de marzo de 2025, será visible para unos 1 360 millones de personas. Claro, si las nubes no se interponen.
Pero más allá del espectáculo visual, los eclipses lunares también tienen efectos físicos en la Luna. Cuando la sombra de la Tierra cubre su superficie, la temperatura cae en picada. En un eclipse de 1971, los sensores dejados por las misiones Apollo registraron descensos de más de 170 grados Celsius en cuestión de minutos. Ese enfriamiento repentino puede provocar grietas en las rocas lunares y la liberación de gases atrapados en su interior. No es solo un cambio de color; la Luna literalmente sufre un “shock térmico”.

El tiempo que la Luna pasa en la sombra terrestre varía de un eclipse a otro. El récord lo tiene el eclipse del 13 de agosto de 1859, con 107 minutos de totalidad. En contraste, el más breve de los últimos años ocurrió en 2015, con menos de cinco minutos de Luna completamente oscura. Habrá que esperar hasta el año 4753 para superar el récord de duración. Sí, 4753.
En tiempos recientes, el término “Luna de sangre” ha sido adoptado por teorías apocalípticas. Todo comenzó con un pastor que en 2014 aseguró que una serie de cuatro eclipses totales consecutivos, todos coincidiendo con festividades judías, eran una señal del fin del mundo. Spoiler: seguimos aquí. Las llamadas “tétradas lunares” han ocurrido muchas veces a lo largo de la historia sin que nada catastrófico pase. No hubo tétradas en tiempos de Luis XIV, pero entre 1909 y 2156 habrá 16. Nada de qué preocuparse.

A lo largo de la historia se han registrado muchos eventos que fueron acompañados por eclipses lunares, pero uno de los más peculiares es este. En 1504, durante su cuarto viaje a América, Cristóbal Colón y su tripulación estaban varados en Jamaica y necesitaban desesperadamente comida. Los indígenas Arawak, hartos de sus exigencias, dejaron de ayudarles. Pero Colón tenía un as bajo la manga: un almanaque astronómico que predecía un eclipse lunar el 29 de febrero. Tres días antes, les advirtió que, si no cooperaban, haría desaparecer la Luna. Cuando el eclipse comenzó, los Arawak entraron en pánico y le rogaron que devolviera la Luna. Colón, con gran dramatismo, fingió rezar hasta que la Luna reapareció. Y así, con un poco de astronomía y algo de teatro, consiguió que su tripulación sobreviviera.

Finalmente, el próximo eclipse total de Luna será el 7 de septiembre de este 2025, aunque sólo visible completamente para Asia, la mitad este de África, India, China y al mitad oriental de Australia. Para América, la espera se extiende hasta agosto de 2026.
Así que disfrutemos este evento: una oportunidad única de ver, en tiempo real, cómo la Tierra proyecta su sombra sobre la Luna. Y, de paso, recordar que la astronomía no solo nos conecta con el cosmos, sino también con nuestra propia historia.
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