Cuando Pierre Mérchain observaba por su telescopio desde las afueras de París, en dirección de la cola de la constelación de la Osa Mayor, ni se imaginaba lo que iba a descubrir. Era la Francia de 1781.
Para él, aquello, seguramente fue como una mota de polvo vista por el ocular. Pero para nosotros, hoy, es una galaxia simplemente espectacular que llamamos Messier 101.
Y me gusta imaginarla como ese pequeño remolino que se forma cuando haces tu café con leche por la mañana. Después de que giras la cucharilla queda ese pequeño espiral de burbujas microscópicas. Luego miras a Messier 101 y dices: pues creo que sí se parece.
Sólo que en vez de pequeñas burbujas, los brazos de la galaxia están definidos por docenas de nebulosas donde nacen estrellas. Y si recorres esos brazos y los sigues mientras se enrollan, llegarás al centro, al corazón de la galaxia, donde seguro hay mucho por descubrir.
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Mi nombre es Vicente Hernández y hoy quiero platicarles una historia de una de las galaxias más bonitas del hemisferio norte. Una que podemos ver entre los meses abril a junio, y que últimamente, con los grandes telescopios en tierra y el espacio nos ha mostrado cosas increíbles sobre las complejas formas galácticas, sobre la formación de las estrellas, supernovas y hasta de la naturaleza de los agujeros negros.
Referencias
- https://www.messier.seds.org/m/m101.html
- https://www.nasa.gov/mission_pages/hubble/science/hst_spiral_m10_prt.htm
- https://www.nasa.gov/mission_pages/hubble/science/hst_spiral_m10_prt.htm
- https://en.wikipedia.org/wiki/SN_2023ixf
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